Es extraño hoy en día encontrar a una persona que no luzca un reloj en la muñeca. Vivimos esclavos del tiempo, intentando cambiarlo y nos sentimos capaces de manejarlo a nuestro antojo.
Con frecuencia reconocemos que el tiempo es oro, que el tiempo vuela, o que hay que dar tiempo al tiempo, son algunos de los argumentos socialmente más utilizados, sin embargo como excusa utilizamos el “no tengo tiempo”.
La vida en realidad es tiempo, aquello a lo dedicamos nuestro tiempo es en definitiva a lo que asignamos nuestra vida, y esta tiene una duración limitada. Somos seres finitos, con un comienzo y un final, matar el tiempo es en realidad dilapidar o consumir parte de nuestra vida, cada día es un regalo que se nos ofrece, lamentablemente pasan tan silenciosos que casi no nos percatamos, hasta que ha cierta edad descubrimos que los años ya no corren, sino que nos atropellan.
Quién gestiona bien su tiempo, gestiona bien su vida, podemos solicitar o comprar el tiempo de otras personas, pero no podemos almacenarlo, ni sustituirlo o cambiarlo por otra cosa. En ocasiones da la impresión de que el tiempo se ha detenido, y un segundo resulta interminable, mientras en otras ocasiones una jornada, una semana, un mes o un año pasan volando sin apenas apercibirnos de ello.
Si nos roban un producto o un material, siempre cabe la posibilidad de que podamos reemplazarlo por otro igual o de similares características, pero cuando alguien nos quita nuestro tiempo no hay posibilidad de reemplazarlo.
El tiempo, ese maestro que tanto nos enseña a lo largo de nuestra vida, esa mano sanadora que todo lo cura, ese juez implacable que termina por colocar cada cosa en su lugar, es en definitiva, una parte de nuestra vida de la que no podemos desprendernos., pero que si podemos aprender a utilizarlo.
Podemos vivir con un espíritu de economía metódica, que nos ayude a organizar, simplificar, optimizar y rentabilizar nuestros esfuerzos, una agenda, tan solo nos orienta, pero somos nosotros quienes dirigimos, la decisión última sobre la utilización de nuestro tiempo es nuestra.
Si todavía no nos hemos puesto en firme a administrar bien nuestro tiempo, a gestionar adecuadamente nuestra vida, éste es un buen momento para empezar.
Un día de estos no es ninguno de estos días,