Cuando el sol acaricia el horizonte de tu cuerpo y la brisa se esconde en la penumbra de las dunas, poco antes de que oscuridad te acune, en ese breve intervalo de tiempo en el que el dia se viste con el negro de la noche, entonces y solo entonces, me sobran las palabras y me hago orilla.
Tus murmullos acompasados y constantes es un maridaje secreto y relajado con historias de marinos que juntan magia en tus orillas, invitan a deslizarse por los sueños.
Cuando al alba inundas la playa larga y solitaria de arena inmaculada y comienzas a acariciar la arena, me sumerjo en los sueños y acuno sentimientos dormidos, en cada paso, en cada huella