sábado, 4 de febrero de 2012

Tienda de la verdad


"La tienda de la verdad"

El hombre caminaba paseando por aquellas pequeñas callecitas de la ciudad provinciana. Tenía tiempo y entonces se detenía algunos instantes en cada vidriera, en cada negocio, en cada plaza. Al dar vuelta una esquina se encontró de pronto frente a un modesto local cuya marquesina estaba en blanco, intrigado se acercó a la vidriera y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro del oscuro escaparate... en el interior, solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba: "La tienda de la verdad"

El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían.

Entró.

Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:

—Perdón, ¿esta es la tienda de la verdad?.

—Sí, señor, ¿qué tipo de verdad anda buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?

Así que aquí vendían verdad. Nunca se había imaginado que esto era posible, llegar a un lugar y llevarse la verdad, era maravilloso.

—Verdad completa –contestó el hombre sin dudarlo.

“Estoy tan cansado de mentiras y de falsificaciones”, pensó, “no quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni defraudaciones”.

—¡Verdad plena! –ratificó.

—Bien, señor, sígame.

La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando a un vendedor de rostro adusto, le dijo:

—El señor lo va a atender.

El vendedor se acercó y esperó que el hombre hablara.

—Vengo a comprar la verdad completa.

—Ahá, perdón, ¿el señor sabe el precio?

—No, ¿cuál es? –contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.

—Si usted se la lleva –dijo el vendedor— el precio es que nunca más podrá estar en paz.

Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande.

—Gra... gracias, disculpe... –balbuceó.

Se dio vuelta y salió del negocio mirando el piso.

Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo.

“Quizás más adelante”, pensó...

Jorge Bucay

Soñarte



Quizás deje de pensarte,
cuando el día se termine,
mas cuando caiga la noche,
en sueños comenzare a amarte...

Soñaré que no te has ido,
que a mi lado te quedaste,
que no te iras mas de mi vida
que te hace feliz amarme...

Soñare que son tus brazos
los que me abrigan dormido
soñare que son tus besos
los que rozan mi mejilla...

Soñare con tus caricias,
que me encienden de deseo,
soñare con que me amas
sintiendote dentro mío...

sentiré como me tomas,
entre dormido y despierto
haciendo que yo no sepa,
si es verdad o fue un sueño...

escucharas mis gemidos,
mis palabras, mis latidos
y sabrás cuanto te amo...
mi cuerpo te lo dirá a gritos...

y me amaras como nunca,
como ayer y como siempre
con ese amor que me ahoga
de pasión y de deseo...

ese deseo que enciende
nuestros cuerpos al amarnos,
esa pasión que no acaba
con un ayer y un presente...

y cuando el sol me abra los ojos
quizás deje de soñarte
pero nunca, nunca amor,
de pensarte
de extrañarte y de desearte...

y esperare de nuevo la noche,
lleno de amor y deseo,
para que en sueños me ames,
sintiendote dentro mío...

y si no puedo soñarte...
entonces volveré a pensarte
día a día, noche a noche,
tu volverás a amarme..